Elaboración de protocolos para identificación masiva de cadáveres en terremotos

Las muertes ocurridas durante grandes terremotos son consecuencia del derrumbe de construcciones e incendios ocasionados por éstos, y al producirse la búsqueda de las víctimas fatales entre los escombros, se rescatan cuerpos mutilados o carbonizados, restos cadavéricos y probablemente amasijos humanos.
El estado resultante de los cadáveres, generalmente fragmentados o quemados, en todos los casos dificultan la identificación de los mismos por un solo y único sistema de identificación, por lo tanto en la mayoría de los casos es necesario la aplicación simultánea o escalonada de dos o más métodos para poder constatar la identidad certera de una persona.

La dactiloscopía, sistema de identificación universal, sólo es aplicable cuando los cuerpos, tanto en su integridad como en su estado de descomposición permiten la extracción de fichas necro-dactilares y sólo es útil cuando existen registros ante-mortem de la identidad de una persona.
Los problemas para aplicar éste sistema ocurren en aquellos casos en que se rescaten cadáveres sin los miembros superiores, fragmentos de estos o bien carbonizados. Con el paso del tiempo, las dificultades para la dactiloscopía derivan de la natural putrefacción de los cuerpos cuando no son debidamente conservados.
Es necesario entonces aplicar otros sistemas de identificación alternativos ya sea a través de las descripciones físicas, la odontología, la antropometría y radiología forense y los sistemas derivados de la genética como el estudio del ADN celular y mitocondrial.
El mayor problema en la identificación masiva de cadáveres en casos de terremotos muy destructivos no solo está constituido por la correcta elección del método o sistema a emplear, sino principalmente por la gran cantidad de cuerpos a identificar, y esto es lo que ocurre frente a una catástrofe.
Un evento es considerado catastrófico, cuando supera los niveles de respuesta de una comunidad por las consecuencias que arrojan, muchas de las cuales son secundarias al siniestro. Los terremotos, por ejemplo, están considerados como los desastres más devastadores, no sólo por el evento mismo, sino por los derrumbes y destrucción que ocasiona y ésta es la principal causa que arroja un elevado número de víctimas fatales (que en muchos casos han superado las 100.000 personas), sumado a la abrupta interrupción de los servicios básicos de atención de una comunidad.
El manejo e identificación masiva de cadáveres comprende diversos problemas y para ello se expresan distintos criterios sobre su origen, efectos y formas de abordarlos.
Para algunos estudiosos el tema de los cadáveres es un problema moral: “...el manejo apropiado de los cuerpos después de los desastres naturales es más bien una cuestión de bienestar mental colectivo, de ética y de dignidad humana...” Programa de preparativos para Situaciones de Emergencia y Coordinación del Socorro en Casos de Desastre. (Boletín 80. 2000. p. 1 y 7. citado por PARDON, M. op. cit. p. 34).
Quienes estudiaron el tema en particular en la Provincia de Mendoza opinan que “...El manejo de cadáveres antes que una cuestión sanitaria es una problemática legal...” (NOVOA A. Et. al 2004, p. 5)
Para el equipo que trabajó en los casos de la AMIA, la Embajada de Israel, el accidente aéreo de aeroparque y otros casos en la Argentina es necesario fijar una estrategia pero la misma puede ser estipulada de un modo más o menos elástico para adecuarlo a cada suceso en particular.
Afirman que “...la estrategia para la identificación de las víctimas debe ser seleccionada de acuerdo a las características de la catástrofe. Si bien dicha estrategia puede y debe ser normatizada también es cierto que las normas requerirán la flexibilidad necesaria para adecuarse a circunstancias específicas...” (ELETA G., Et al. 2004 p.180), y éste constituye el objetivo principal de esta Investigación:
“Confeccionar un protocolo que especifique cómo y en qué orden deben aplicarse los procedimientos forenses y criminalísticos para la identificación masiva de cadáveres ante situaciones de catástrofes en la Provincia de Mendoza.”
Superado el problema de los Mitos por la presencia de numerosos cadáveres, sobre todo en cuanto a la creencia popular de que pueden generar epidemias que apremien para disponer su entierro en fosas comunes o cremación masiva, y en cuanto a la mutilación de los mismos con la amputación de manos para lograr una posterior identificación, diremos que es el Estado el único responsable de disponer todas las medidas conducentes a superar la crisis.
Los problemas principales que debe afrontar el Estado están determinados en un orden de prioridades ya estudiado, y establecidos internacionalmente en casos de catástrofes, a saber:
Primero: El Rescate y Atención de los Sobrevivientes,
Segundo: El  Restablecimiento de los Servicios Básicos y
Tercero: Recuperación y Manejo de Cadáveres.
“...Esta escala de prioridades, determina sobre todo la afectación de recursos para cada tarea, debiéndose asignar lógicamente el mayor porcentaje a la búsqueda y atención de heridos, luego al tema de los servicios y el remanente se destina al manejo de los cadáveres...Así el manejo de cadáveres queda relegado a un tercer puesto en la asignación de recursos, sobre todo en las primeras 48 horas de sucedido el siniestro...” (NOVOA A., Et. al. 2004 p.4)
Surge entonces que la Identificación Masiva de Cadáveres en Grandes Catástrofes, es también y principalmente un problema de organización. Es necesario establecer “Protocolos de Actuación.” Efectivamente, en éste sentido nuestra hipótesis sostiene que:
“Si se establecen protocolos para la aplicación de los distintos sistemas de identificación, se pueden reducir los índices de error y se mejorarán los niveles de certeza en la identidad”.
Por tanto es necesario preguntarnos: ¿Qué hace falta?, ¿Cómo lograrlo? y ¿Cómo aplicarlo?
La elaboración de protocolos deben dar respuesta a éstas preguntas, para que llegado el caso de producirse una catástrofe en la Provincia de Mendoza, sean de aplicación práctica y efectiva, tanto en su implementación como en sus resultados finales.
Estos protocolos deberán responder estos tres interrogantes básicos, a través del estudio de:
a) Los Aprestos para la Emergencia: Que nos guíen metódicamente sobre “qué hace falta” para revolver un caso de extrema gravedad como una catástrofe que arroja numerosos muertos, para que esto no se constituya en un problema que a la postre agrave la situación, teniendo en cuenta otras prioridades con respecto a los heridos y damnificados sobrevivientes. Esto se logra mediante el estudio de riesgos, amenazas y vulnerabilidades.
b) Los Factores Organizativos: Es decir, planificar, proyectar y concebir una estructura para la emergencia, determinando además y principalmente quiénes serán los responsables de su ejecución, qué función le cabe a cada uno y qué capacitación será necesaria para disponer de un recurso humano en condiciones de actuar. La organización, nos dará las pautas de “Cómo lograrlo”, y finalmente
c) La Elección de una Estrategia de Trabajo: Mediante la elaboración de un Plan de Emergencias para la identificación masiva de cadáveres, respondiendo al interrogante de ¿Cómo aplicarlo?
En Watson Consultores contamos con experiencia en el estudio para la elaboración de planes de este tipo que deben indicar las disposiciones y preparaciones necesarias para establecer quiénes serán los responsables, previsiones que se deberían llevar a cabo antes de la ocurrencia de una emergencia y que incluyen:
  • La evaluación de las amenazas y los riesgos,
  • La cuantificación de la vulnerabilidad, acciones inmediatas a ejecutar y por quién, 
  • Los convenios que deberían realizarse para contar con los recursos humanos y materiales necesarios tanto en comunicaciones, logística, transporte, informática y servicios sanitarios,
  • El establecimiento de normas específicas para cada caso,
  • La capacitación y el entrenamiento de los involucrados, entre otros.
Los protocolos suministran respuesta a muchos de éstos problemas y las variadas previsiones que indudablemente deberán adoptarse para completarlos con los estudios específicos para cada evento catastrófico de posible ocurrencia.