Diseño, implementación y monitoreo de procesos de democratización policial

En el mundo actual, en las condiciones que vivimos, es indispensable contar con una nueva política de seguridad pública, renovadas herramientas y respuestas acordes a las necesidades sociales; es menester resaltar que debe entenderse a la seguridad de manera integral, que además de la necesidad de disponer de la fuerza policial, se requiere del dominio y manejo inteligente de los principales insumos en tareas de control del delito, Información, análisis y poder de decisión, Observación y anticipación a los problemas modernos, además de una perfecta integración con la vida social. Elementos estos a los que resulta imprescindible sumar participación y colaboración ciudadana, puesto que no debe olvidarse que en materia de seguridad, la prevención tiene estrecha vinculación con la realidad social.
Sin embargo las reformas policiales llevadas a cabo en los últimos tiempos en la mayoría de los países latinoamericanos han hecho hincapié en desmilitarizar a las fuerzas policiales; medidas éstas que han sido, en todos los casos, insuficientes.
Ahora bien, la mejor forma de sumar en un emprendimiento de esta naturaleza es gestionando la confianza pública, el conocimiento de la población, el contacto directo, la preocupación; es decir una actividad verdaderamente “pro activa”, porque lo demás, cuando la intervención es tardía viene acompañada de la desconfianza, la desazón y la disconformidad por el servicio que se presta y ésta respuesta social (que es lógica) impide un abordaje realmente preventivo, transformándose en una reacción.
Un proceso de democratización policial significa cambiar la filosofía de abordaje de los problemas policiales y eso se ha hecho en muy pocas instituciones hasta el presente.
Más capacitación, titulación en diversas ramas universitarias, mayores y mejores recursos materiales, más policías, más dependencias, no son la respuesta que la gente espera y esto ha generado que el alejamiento entre uniformados y ciudadanos siga tan vigente como hacen algunas décadas atrás. Las instituciones, más indisciplinadas que antes, siguen pensando como en el siglo pasado.
Hay que democratizarlas. Ninguna organización cambia si no cambia la manera de pensar de sus miembros y aún hoy existen instituciones rígidas que no han cambiado en este sentido.
Se pueden cambiar los procedimientos, se pueden cambiar los uniformes, las denominaciones, pero esto por sí no alcanza: Los hechos lo demuestran.
Nos llama la atención, como expertos, que mientras existen un sinnúmero de gabinetes y laboratorios de Criminalística, no exista ninguna policía en el país que tenga una división criminológica. ¿Cómo se lucha contra el flagelo criminal entonces?: Con las mismas herramientas de antaño, las mismas soluciones aplicadas a los nuevos problemas de la seguridad. ¿Es eso lógico?, ¿es efectivo?, no; pero es real.
A pesar que el problema de la seguridad les ha dado muchos dolores de cabeza a todos los gobiernos, no existen políticos expertos en problemas policiales, ni en el abordaje de científico del problema del crimen y la criminalidad, ni en sus soluciones.
Integrar la política a la seguridad, integrar la policía a la política (en su más estricto sentido), no es compartir el mismo espacio físico. Integrar ambos al discurso social (al problema del ciudadano común) no es contar con más móviles, más comisarías, más policías: Eso daba resultados en el pasado. El mundo ha cambiado y las instituciones policiales y los gobiernos están en anquilosados en los esquemas tradicionales aún.
En Watson Consultores lo ayudamos a cambiar la realidad institucional primero, para cambiar y mejorar la realidad social, porque la seguridad es un bien común, apetecible y alcanzable, nos gustaría debatir sobre ello. Nuestros expertos conoce los problema y somos ambiciosos.
Es necesario fijar metas esperanzadoras y contar asimismo con mecanismos de medición del alcance de las mismas mediante el establecimiento de plazos de ejecución y control.
La actividad administrativa de cualquier orden exige una secuencia de pasos o elementos básicos tales como la Planeación, organización, dirección, coordinación, ejecución y control; y es allí donde la fijación de metas de corto, mediano y largo alcance permiten un mejor desarrollo de un proyecto, el seguimiento de las pautas fijadas y la concreción de las mismas.
Esto contribuye en mucho a que el proyecto no se diluya en el tiempo o tuerza su rumbo por la fuerza de la inercia hacia una policía reactiva, tornándolo distinto de las necesidades sociales.
Sabemos que una de las metas a alcanzar es abordar la seguridad con una filosofía diferente a la de la Policía tradicional sumando cualidades distintas para la solución del problema de la inseguridad e insatisfacción social y no una suma meramente cuantitativo a sus tareas.
En segundo lugar es necesario establecer como meta la construcción de mecanismos reales para el estudio de los factores de riesgo criminológicos y para ellos prestamos un permanente apoyo en la construcción de las políticas, planes y programas de seguridad para que estos no se basen en la simple estadística cuantitativa del fenómeno, sino en estudios científicos que determinen su etiología.
En tercer lugar debe fijarse una de las metas más importantes para la ejecución del proyecto, tal es la utilización de las herramientas educativas para cambiar métodos y formas de pensar que sólo contribuyen a la inseguridad; hoy limitado al control formal del cumplimiento de la ley.
Por último diseñar una estructura operativa y orgánico-funcional que permita alcanzar los objetivos fijados inicialmente.
Estas metas serán plausibles determinando los aspectos más sobresalientes del proyecto, tal es la determinación de la visión, la misión y la función de una verdadera policía democrática.
Sabemos que es posible identificar problemas en la comunidad y propiciar soluciones sostenibles, particularmente sobre aquel tipo de problemas que se estime inciden sobre la proliferación de hechos delictivos o problemas de orden público; elevar los niveles en la sensación de seguridad de la población; incrementar el nivel de satisfacción de la comunidad; incorporar a los ciudadanos en la producción de seguridad, mediante su participación en diversas iniciativas que permitan prevenir más efectivamente la comisión de delitos y además mejorar el desempeño institucional.
Su implementación total implica necesariamente profundos cambios en la manera de pensar en todos los niveles y en todas las áreas, desde los altos cargos hasta los futuros policías y desde las áreas de formación y capacitación hasta las operativas y tecnológicas inclusive. También implica un cambio en la imagen a que la gente está acostumbrada a ver la actividad policial.
Esto es así porque no sólo en el nivel operativo y organizativo actual, sino también en el común de la gente está instalada una idea y visualización de la policía como un organismo que acude cuando el problema ya sucedió. Nadie acude o reclama la presencia policial para comentar un parecer, un punto de vista o anticiparse a la ocurrencia de algún hecho, ni la Policía tradicional está en condiciones de atender estos llamados y por ello el contacto Policía-Comunidad sólo se verifica a través de la ocurrencia de un delito o una contravención.
Este contacto, en la mayoría de los casos genera disconformidad de parte de la ciudadanía, porque si la presencia policial es necesaria, es signo evidente de que los mecanismos de prevención han tenido una falla en su función y su funcionamiento.
Consúltenos, tenemos experiencia y disposición.